Cada vez que te veo de frente, tu maldices que se acabó. Pero eso no me lo dice la gente, dicen que mientes que te vieron con ese cabrón. No digas nada más ya. Venga calla, y ponme otra cerveza, y una buena ración de certeza, que se que siempre tengo razón.
Tu eres la dulce mano que mece la cuna. Yo soy el pié que metió la pata. Tu corazón un gran hueso de aceituna. Y el mio, las rebajas siempre de ocasión. Hoy, yo atraco en los bares, también fui polizón del bonito piercing de tu ombligo, pero ya paso de quererte, para luego engordar tu lista de enemigos.
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